Mardi Gras

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Invitación al libro: Escenarios de una vida

Mairym Cruz-Bernal (San Juan, Puerto Rico, 21 de julio de 2012)

Abrir un libro como se levanta el telón de un escenario. Un libro como un carnaval, una construcción de máscaras y poses, maquillajes inocentes con un fuerte dolor en el estómago. Y de repente cada pedazo del cuerpo del intruso comienza a ser desmembrado en el mismísimo teatro que ha creado. Pocas veces he encontrado en mi camino oscuro pliegues de piel, quiero decir de páginas, que me sorprenden con lentejuelas de obscena honestidad. Y digo obscena, porque no estamos acostumbrados a construirnos verdad, y sí ficción. Mardi Gras es ese texto desgarrador por su honda verdad en el discurso humano-universal.

Uno de los axiomas de toda alocución poética es el estudio de la identidad, tanto la propia con su encuentro en el espejo de azogue, como la identidad que nos es reflejada en el otro. Si bien todo es espejo. Entre ese péndulo, aparece en el escenario la imagen del cuerpo. Desde la literatura griega hasta nuestros tiempos y lo que queda por vivir el mundo humano, el cuerpo es central y eje. Nos vestimos de ojos, boca, senos, vientre. Extirpamos a veces los hoyos, nos negamos, nos implosionamos, pero siempre nos tocamos y nos medimos en cantidades, la morfología de lo que somos. La belleza o no, la aceptación o no del cuerpo que nos representa, va variando según la época y la vanidad del hombre. Mucho de lo que percibimos de nuestro cuerpo carece de plena conciencia de sí, lo inventamos. Nuestra actitud ante el cuerpo determina nuestro pensar y sentir, nuestro caminar por el mundo.

Desde la neurofisiología, la antropología social, el psicoanálisis, la psicosomática, la psicología genética, la psicología social, la filosofía, el arte, las letras, están estrechamente unidos en el impulso inminente de analizar este raro fenómeno de la corporeidad de la existencia humana. La imagen del cuerpo es propia para cada uno, cada uno crece hacia esa ficción de sí mismo, ligado al individuo y su microhistoria. El narcisismo bueno, como el buen colesterol, hace de soporte para esta idea.

Los poemas de este raro libro de poesía contienen como lámpara historiar el cuerpo. La experiencia va definiendo el pensamiento que se piensa hacia ese Yo que se inventa y que da a luz un cuerpo adaptado (o no) a las ideas morales o sociales.

¿Qué dice el cuerpo cuando se le deja hablar?

Desde el título del libro, Mardi Gras, que se refiere a [                     ] J.C.Pol sube el telón, lo deja caer, y nos muestra desde adentro del escenario eso que sucede: los gordos pasan trabajo en el amor/ se esfuerzan en sus deseos… Y quién no pasa trabajo en el amor, pero en el micro mundo de cada cabeza, el monstruo que se inventa se inventa gigante.

Pero es el cuerpo ese alabastro que le da forma al líquido, le da tamaño, le construye humano o no, bello o no, ante la mirada del otro. Exclama la voz poética: En toda tu plena obesidad / estás tú. Qué sucede con un cuerpo que no se siente aceptado en el ejercicio diario del vivir, de tocar y ser tocado. La imagen en el espejo de azogue y en el espejo del amado o la amada ‘me comienzan a definir’ sin la mirada en mí, sino en la dermis (y su tamaño).

Nos va adentrando entonces, pasando ya esa capa de piel que grande o diminuta, todos tendríamos que traspasar para encontrar un alguien, ese Yo que se construye en la conciencia, como si eso también no fuera ficción. El poema: La intemperancia de Salomón, es un texto magistral con tonos de colores mayores que redefinen  la mujer amarilla, blanca, negra, roja, y asume entonces esa mujer roja como la fuerza de la llama que le consume.

El círculo entonces, tragarse la luna blanda, la redondez del cuerpo en un poema que se salve en su visual: Anhelé escribir un poema redondo. Yo, un poema redondo. El cuerpo en sí mismo es el poema, el poema se hace con el cuerpo, son los fragmentos que lo construyen. Hacer un poema como se hace un hombre (o una mujer), a fuego lento.

Y la metáfora de la vida misma se construye desde el cuerpo hacia lo humano:

Así que
hermanos
prosigamos
No hay razón para volver atrás
decir basta o hasta aquí
El bufet está servido
la mesa larga de la vida
nos espera
 

Ante el terror de la mirada, ese tamaño.

Mas es redondo el pezón y apetecible. Alimento lujoso que  emerge y se devela. En el poema Aleph, J.C.Pol lo resalta para que no se nos olvide el cuerpo del otro como final alimento: El pezón desnudo / emerge entre las sábanas… En ese viaje heptagonal que hacemos en el cuerpo, se posa el oído en el vientre, ese ruido. En el poema Voces, unos versos magistrales: El ruido es hambre / O el eco de las amantes / Que se tragó mi ombligo.

Pero el poema no es veleta, ni frugalidad, sino organismo y sustancia.

En tierra firme
 Y Dios me hizo obeso
guardando un propósito divino:
el que no flotara por encima de los mortales

Con un extraño humor de dolor digerido, nuestro amado poeta nos entrega palabras como bandeja y alimento. El cuerpo de su palabra cobra peso, se asienta, echa raíz, no flota, no deja ir. Mardi Gras es el carnaval, la celebración de una vida intensa, dermis que ha crecido en su hambre de amar.

Porque todo poema es acaso un acto del amar, como cada bocado que pedimos (o tomamos) a la vida. Falta vestirme de piel humana, colocarme los senos con abismo y escote. Esperar a cambio hambre para mi pan.

 

 

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