Oda a las grandes injusticias

Oda a las grandes injusticias es un poemario de libre acceso en la web y va ha ser trabajado en línea.  Este poemario trata de las grandes injusticias que han vivido los grupos étnicos y marginados en los Estados Unidos y sus territorios. Por ejemplo, el conflicto Siux en Standing Rock que estalló en 2016 en Dakota del Norte. El desplazamiento de los pobres de la montaña a la costa motivado por el Terremoto San Fermín en 1918 en Mayagüez, Puerto Rico. El abandono de las fuerzas estadounidenses a la población polinécea durante la invasión japonesa a Guam en 1941. Espero que lo disfruten.

 

Para que el tsunami pare con el cuerpo de los pobres

Un devoto de San Fermín esperaba de rodillas
Era 11 de octubre de 1918
El primer estertor hizo crujir las piedras profundas
En el vientre de su casa y el suyo
El segundo le echó la casa abajo
Sólo quedó en pie un arco del que colgaba una imagen del santo

Entonces el mar devolvió el minutero
El tiempo y el agua retrocedían en contra de la lógica y el reloj
Katsushika Hokusai debió haber pintado
Ese tsunami desde tierras altas
Los ricos corrieron hacia esas tierras
Los pobres no
Los pobres corrieron al mar que los había alimentado

Ellos fueron
A lo que minutos antes era del mar
Ahora
El aire asfixiaba a los peces sobre la arena
Debajo de los botes
Que el mar mismo había encallado
Las aguas negras continuaban descargando sobre la bahía

Las mujeres que olían a salitre
Golpeaban la cabeza de los peces con trozos de coral
Ellas se estremecían con aleteos violentos en sus faldas roídas
Niños famélicos buscaban las piedras lisas que habrían lanzado días atrás
Con sus cayos en el cieno
Hombres curtidos escudriñaban algo de valor entre isópodos y langostas

Pero el mar regresó
A buscar lo que eran suyo
Y levantó el agua sucia y los peces y el cieno y los barcos

Cuando el mar se arrastró por la bahía con sus dedos
Arrancó las puertas de las casas de sus goznes
Choco entre si los ladrillos
Mezcló arcilla y sangre

Arrastró las estacas y a los caballos
Los cuerpos de los pobres danzaban mareados en el agua cenagosa que el mar traía
Los metía a la fuerza
A los espacios que fueran los más exquisitos
Arrastró sus pies por recibidores de pisos de mármol
Los acostó en camas de algodón egipcio
Peinó sus melenas en tinas de porcelana pulida
Los sentó en la cabeza de las mesas de cedro
Los ocultó en sus lacenas entre conservas
Bacalao seco y rabos de longaniza
El mar que los había alimentado desde su infancia
No sentía el más mínimo remordimiento

Cuando el agua se retiró
Y no quedó nada con forma humana
El mar nunca se fue

Por primera vez los ricos le temieron a algo


El miedo los hizo abandonar las ruinas de las casas
Con vista al mar y al ocaso
Retrocedieron
Dejaron allí levantar casuchas y residenciales
Para que el tsunami parara con el cuerpo de los pobres

Los ricos volvieron a edificar sus casas
Y echaron de los montes a los pobres
Con usura perros legales y pagos obscenos
Derribaron humildes casas
Los mandaron al cieno de la costa

Ellos se quedaron arriba
Esta vez en los barrios más altos
Más altos que saña de las sedientas olas

Arquitectos diseñaron sus casas posicionadas al ocaso
Para que sus despachos
Poseyeran la mejor vista
Para ver
Algún día
Cómo regresaba el mar



La proa de la casa
La casa estaba atada a un cable telefónico
Que la detuvo
Para que no se fuera con las olas

Todas las flores de septiembre decoraban un costado

Arriba
Gaviotas neones se lanzaban a abajo entre nubes
Entre planchas de zinc
Cometas alucinantes de luz torcida
Y sentí vidrios entre la lluvia
Como golondrinas estallando en la ventana

El poste crujía como si sus entrañas
Fueran del mismo hueso hueco y tostado de las palomas
La mitad del poste planeo sobre el viento
Atado a cuatro varillas de acero
Que parecían hechas del raquis de las plumas

El árbol se mecía con las raíces boca arriba
Cada raíz parecía las uñas de un pájaro
2,975 suplicas
Así cada árbol que sembró la madre de mi abuela
Mi abuela y mi madre
Querían volar

Los carros de papel flotaban por la calle a la alta mar
Así flotó la cama
Y los libros como pájaros muertos
Hasta que poco a poco lo dejé ir
Todo
Flotando como pelicanos azul cobalto se los llevó la noche

Cuando sólo flotaba la proa de la casa sobre el mar
Imponente
Resistida a cualquier infortunio
Sobre los vientos de 215 millas por hora
Con las puertas abiertas y las manos y los brazos
En contra de toda suerte
Pensé: “Jamás nos volveremos a ver”

Así crucé a pie el rio innegable de los muertos
Y llegué hasta el otro lado
O de los vivos
O de los muertos

Como un ave
Luego de que se le tuerce el pescuezo
Se hunde en el agua hirviendo
Así todo quedó desecho y desnudo
Bajo el fuego naranja de una vela
Por seis meses

Las piezas abstractas de un rompecabezas nuclear
Nos dejó en silencio varios días
A media ración
A media respiración
Entre las algas y fango
Bañados por el vapor de los escombros
A 120 grados Farenheights del infierno
Nuestros cuerpos alimentaron
La influenza y el zika y el dengue
Intoxicados por la más luminosa de la fiebre

No había hospitales que la septicemia no hubiera carcomido
No había carreteras que los ríos no se hubieran tragado
No había pan ni lacena
Ni Seven Up ni lata

Pero la falta de luz nos devolvió la vía láctea
Nos dejó volver a hablar
Desconectarnos
Por eso fue que sembramos nuestros viejos en el patio
En las cuatro esquinas
Como fundamento para una nueva casa
Bajo la luz de las estrellas