“Home”

Cuerpos desechables: A propósito de “Home”, de Julio César Pol

El escritor puertorriqueño Julio César Pol tiene uno de los proyectos literarios mejor definidos y ejecutados de la literatura puertorriqueña actual. Basta leer algunos de sus libros para saber que su obra no ha sido producto del azar o el impulso. Libros como Mardigras (2012), Sísifo (2018), El ala psiquiátrica (2020), Sumo extranjero (2022) y Panóptico (2024) dan fe de lo que se perfila como una propuesta bien pensada y estructurada en donde la acción poética deviene política sin caer en facilismos retóricos o ideológicos, logrando generar una mirada crítica tan original como urgente. En resumidas cuentas, se trata de libros en donde el cuerpo “simbólico” de lo social, estatal, nacional, choca con el cuerpo “real” de los sujetos que viven atados, condicionados, subyugados a unas superestructuras de las que resulta difícil si no imposible zafarse. El poeta pone el dedo en la llaga al sugerir que todos somos cómplices de un sistema cuyo fin es robarnos la humanidad: cuerpo y alma.
Uno de los rasgos más notables de su obra es el enfoque deliberado en una población, o comunidad en particular. Sus poemas y cuentos resultan en detalladas indagaciones, especulaciones del ser enfrentado a una fuerza externa que lo domina. Si en Mardigras el crimen era la obesidad, en Sísifo el tener que esclavizarnos al trabajo, en El ala psiquiátrica estar “loco” según lo determina una sociedad insensible y en Panóptico lo es el haber caído en la delincuencia que caen los más pobres y vulnerables del país, en su más reciente entrega, “Home”, el crimen es envejecer.
No es casualidad que el escritor use comillas en el título del libro, acentuando así la falsedad de la palabra “Home”, el hecho de que un “home” no sea un hogar, ni pretenda serlo. Los dos primeros poemas, “Alas” y “Escudo” marcan el tono del libro, la frialdad de una voz que no necesita dramatismos puesto que lo que se narra, o más bien, lo que se reporta encierra en sí el drama humano. Por un lado, la brevedad de la mayoría de los poemas acentúa su cualidad fotográfica. Diría que más que fluir, los poemas quedan fijados en la página convertidos en estampas o fotografías del tétrico álbum del “Home”: “En la recepción del “Hogar” / Comienza el proceso/ De cortar/ Lo que quede de ala” (“Alas”); “En la puerta del “Hogar” / Está el escudo de Medusa / Adentro / Todos los residentes de Piedra” (“Escudo”). Es casi como si César Pol se hubiera propuesto hacer de cada poema un ladrillo necesario para la construcción de su “Home”. El corte (de las alas, de la libertad), el encierro, el tiempo que no pasa, los residentes que viven en un más allá, en esa antesala de la muerte, cuerpos fosilizados, indistinguibles entre sí, son temas centrales de esta colección.
En el Home abundan los fantasmas, los recuerdos, los orines, los medicamentos, los gemidos, las sábanas sucias… los viejos. Lo que no abunda, o parecería no abundar es LA POESÍA. Pero para eso existe nuestro autor, quien con cada libro demuestra que se ha echado sobre sus hombros la tremenda responsabilidad de darle a estos personajes y lugares que solemos evadir, un sentido poético. No abunda en la poesía puertorriqueña esta mirada que no le teme al feísmo, esta valentía de extraer belleza de lo decrépito sin romantizar nada, simplemente ofreciendo un testimonio crudo que nos interpela. Hay que ser muy buen escritor para sacarle música a tanta desolación y César Pol no defrauda: él sabe que lo bello y lo feo existen en constante tensión, y también en armonía. Ciertamente, el poeta rescata lo indigno que, al ser confrontado en la página, adquiere su justa dimensión humana, y, por ende, artística/ poética. En el poema “Encías” lo indigno se convierte en potencia restauradora y liberadora, por ejemplo, cuando dos ancianos deciden hacer el amor como sea que puedan: “Infundido por ese milagro/ que es la viagra / él pudo adentrarse en su amor / Y ella pudo recibirlo / Sobre un andador/ A altas horas de la noche/ En el baño más retirado/ E impecable/ Del “Home””.
Como todo escritor, Pol tiene una serie de obsesiones entre las que se destaca claramente el cuerpo, lo que es a su vez una obsesión o preocupación con la finitud, con la vulnerabilidad, con el dolor y el placer que produce y recibe un cuerpo, entre otros. Claro que hablar del cuerpo no nos exime de hablar de eso que anima un cuerpo, llámesele alma, espíritu, mente, conciencia. Al poeta le inquieta la tensión entre el cuerpo y el ser que existe en el universo a través de un cuerpo, pero que también tiene la capacidad de trascenderlo mediante los recuerdos, la imaginación, el sueño, la voluntad de ser alguien a pesar de los constreñimientos. En el fondo, se trata, de una pregunta por la libertad y en torno al cuerpo como vía de escape (herramienta de liberación) o como cárcel, ya sea por el cuerpo que poseemos (y que nos posee), o porque existen otros “cuerpos” simbólicos a cargo del nuestro. En el poema “Atado”, leemos que: “José quería salir de su cuerpo/ Pero no podía / La artritis le amarró una camisa de fuerza / Con navajas / Que miraban hacia adentro.” César Pol no se pierde en un lenguaje “poético”, la fuerza de estos mini poemas reside en su simpleza, en lo directo de su habla, y claro, en la contundencia y exactitud de imágenes como esa de las “navajas que miraban hacia adentro”.
Como las cárceles en Panóptico, el manicomio de El ala psiquiátrica, o el cuerpo obeso humillado en Mardigras, los poemas de “Home” aluden al límite en el que deviene un cuerpo cuando deja de funcionar, cuando no produce, no cumple con ciertas normas sociales, no contribuye al bien común, según la visión utilitaria del mercado. El cuerpo desechable, ese que hay que sacar de circulación ha de terminar en la cárcel, el hospital, el home, o el cementerio. El home es el lugar a donde vamos a morir. Lugar en donde los ancianos, seniles o lúcidos, fuertes o débiles, perversos o inocentes, coinciden. El home los convierte en algo más allá, o más acá de lo humano. En el poema “Agua” se insiste en la crueldad convertida en rutina como la base que sostiene las operaciones del “Home” en donde lo humano queda reducido a una súplica que no se atiende, porque atenderla implicaría demasiado esfuerzo para un sector que se dirige hacia la muerte: “Después de las tres/ No sirven agua / Para no cambiar los oasis en las camas / Para dejar secos los pañales / “Tengo sed / Agua / Tengo sed”/ -Grita un paciente senil / Los otros / Los que todavía están / En pleno uso de razón / Mantienen la boca cerrada / Para que la humedad en su lengua / No se escape”.
Es difícil habitar un cuerpo. Es duro atestiguar el derrumbamiento de ese primer hogar que es el cuerpo. Y es una tragedia la destrucción del hogar para terminar en el “Home”, con esa infinita soledad que se instala entre la cama y la mesa de noche, o detrás del televisor, o en los pasillos, o los jardines en donde abunda una soledad que no tiene que ver con el reposo o la paz que uno pensaría merecer al acercarse a la recta final de la vida. Y esta soledad es, en la mayoría de los casos, el resultado del abandono familiar. Valga aclarar que, a diferencia de sus otros libros en donde es el estado a través de sus distintas herramientas de control y disciplina (como la cárcel o el hospital psiquiátrico) quien determina el castigo o remedio para ciertos individuos, en el caso del “Home” la institución determinante es la familia. Y así como el sistema penal, o el sistema de salud, o la iglesia, o la sociedad tiene sus prejuicios ante ciertos cuerpos, César Pol nos recuerda que la familia es también una institución represora, un cuerpo que se descompone y que se alía con estas otras estructuras de poder por interés económico, o por desidia. Leemos en el poema “Senil” cómo una mujer aprovecha que su hermana termina en el hospital por un padecimiento físico, para hacerle una evaluación psiquiátrica que, manipulada por ella, terminará con el diagnóstico de demencia senil: “Todo eso para que sus sobrinas la despojaran / De sus cuentas de banco / De sus prendas / De su casa / De sus muebles / Aun de su viejo y roído cuerpo”.
Literatura comprometida, pero que no cae en activismos, ni en un rasgarse las vestiduras frente a los lectores. No, es justamente la mirada casi indiferente, fría, de reporte, lo que conmueve e impacta porque, de alguna manera, reproduce la indiferencia gubernamental, familiar y social. Al escritor le importa el curso que las cosas están tomando en su país, cómo el descarrilamiento del proyecto frustrado de la nación repercute en todos los aspectos de la vida del ciudadano común y corriente. Sus libros pueden ser leídos como advertencias, reportes de lo tétrico real de ciertas instituciones que son la base del proyecto nacional, un proyecto que parece fracasar en cada frente. No obstante, estos poemas no se libran de la belleza y de la fuerza que siempre emana de lo humano. Que no se equivoque el lector: en los poemas de “Home” abunda la poesía, la belleza, el amor y la voluntad de vencer las cárceles reales y simbólicas que nos oprimen.
Termino esta nota con un poema que se me ha quedado en la cabeza, titulado “Tempestad”, como testimonio de la tenacidad del ser en su búsqueda de afirmarse, de seguir la marcha en contra de la corriente, con ese heroísmo íntimo que dirige la empresa humana: “Una voluntad férrea / Se imponía sobre un cuerpo desecho / Cuando caminaba / Con el andador / Se forzaba abriéndose paso / Entre el hielo / La tempestad y las olas”. El andador, como si fuera la espada que sostiene un guerrero a punto de enfrentarse a un dragón, es el arma de lucha, es el sostén no sólo del cuerpo, sino de esa voluntad que puede llegar a permanecer intacta, como testigo mudo del cuerpo que se acaba, que siempre se ha de acabar, aunque las ganas persistan.
Es una dicha y es un consuelo contar con la poderosa voz de Julio César Pol, un maestro en el arte de rescatar el reverso, eso que parece ocurrir a espaldas de nuestras vidas que insistimos en presentar como alegres, sofisticadas y elegantes. No estamos lejos del dolor, nos recuerda el poeta. Y si al menos sabemos que no estamos lejos, acaso podamos hacer algo para solidarizarnos con ese que nunca ha dejado de ser, como tú y como yo, humano.

Margarita Pintado Burgos
San Diego, California, 30 de mayo de 2024